"Mirar las cosas de cara, ser capaces de sorprendernos, tener curiosidad y un poco de coraje; saber preguntar y saber escuchar; evitar los dogmas y las respuestas automáticas; no buscar necesariamente respuestas y aún menos fórmulas magistrales" (Emili Manzano)

domingo, 29 de noviembre de 2015

EL PAÍS DE LOS CIEGOS (1904), POR H.G. WELLS


El país de los ciegos, The country of the Blind (1904), es un relato o, más bien, un cuento, por su intención aleccionadora o moral, en el que el escritor y teórico político británico HG Wells (1866-1946) desarrolla una especie de utopía. 



Wells imagina un espacio inaccesible, en plena cordillera andina, donde un pequeño grupo atrapado por las nieves y encerrado en un valle vive durante generaciones sin contacto alguno con el exterior , hasta el punto de olvidar su existencia e imaginar toda una mitología que explique su vida en tan idílico espacio. Porque aquello es un paraíso, un pequeño paraíso en el que los en principio forzados habitantes acaban por acomodarse y por ser felices, adaptándose a ese tipo de vida. 

Pero hay una peculiaridad: entre ellos empieza a desarrollarse la ceguera y a transmitirse de modo congénito hasta el punto de que todos los habitantes, pasadas unas generaciones, son ciegos. Completamente ciegos, desarrollando, eso si, al máximo, sus otros sentidos.

Ciegos hasta el punto de adaptar su cultura y su cosmovisión  a su naturaleza, olvidando incluso las palabras relativas a aquellos órganos cuya función había desaparecido. Un mundo táctil, de perfumes y olores, de sonidos y músicas, de sabores y gustos. 

El problema se produce cuando, en una expedición montañera de Bogotá, un expedicionario queda perdido y aislado por completo, y viene a dar por casualidad con este pueblo  ancestral. Tras una primera sorpresa e incredulidad, el protagonista, Núñez, imagina que va a hacerse el amo de la situación. Es el único que puede usar sus ojos y aunque se da cuenta que ha encontrado un pueblo excepcional, primitivo pero con una sociedad bien organizada y muy activa, piensa que les lleva ventaja por se el único que puede ver. Craso error. 

En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, al contrario de lo que se repite el protagonista como mantra. El forastero es recibido como un advenedizo, como alguien distinto que por un lado suscita compasión (por no ser como ellos, ciego) y por otro, incomprensión y peligro, por ser distinto.


Ninguno es capaz de entender qué es eso de la vista. Por más explicaciones que da Núñez, le toman como un loco o un pobre infeliz que esta enfermo. Pero siempre como un peligro para la comunidad. Le hacen ver su discapacidad, porque si bien es capaz de usar la vista, es un tanto torpe con los demás sentidos, mientras que ellos se manejan perfectamente. 

De la incomprensión pasaron a la burla y de la burla al control social. Núñez no era bienvenido. Núñez lo intenta todo, desde defenderse a agredir, desde esconderse hasta huir, pero resulta un fracaso total. Llega a abandonar toda esperanza, y tratar de acomodarse a vivir con aquellas gentes, incluso llega a enamorarse de una joven. Sin embargo, nada da los resultados apetecidos por todos y Núñez se siente sólo en medio de la multitud, se siente discriminado y humillado

Los ciegos se creen superiores a él y consideran tener ojos una desgracia, el signo externo y causa de su discapacidad. La solución médica es evidente:  La propuesta que le harán será terrible. Una propuesta demasiado igualitaria. 


En suma, un cuento moral, lleno de simbología y de connotaciones sociopolíticas, que, como sabemos, era una de las múltiples facetas de Wells, además de la escritura. 


Breve interpretación médica

La mayoría de las obras de Wells tienden a poner en duda la cosmovisión predominante o hegemónica del mundo moderno. Wells, que había asistido a las clases del darwinista Thomas Henry Huxley, se plantea las distintas maneras mediante las cuales podria realizarse la evolución, como en La máquina del tiempo o La isla del Dr Moureu.

Desde el punto de vista médico, destaca el relativismo de la discapacidad, un aspecto que con frecuencia olvidamos que evoluciona con el tiempo. Muchas personas sordas consideran que no se trata de una discapacidad sino una identidad cultural (A world of their own) y el sofisticado lenguaje de signos como el rasgo que define y unifica su cultura. Esta visión superficialmnete aceptada por la sociedad se pone a prueba cuando una pareja de lesbianas sordas intenta seleccionar el esperma del donante para tener un hijo sordo (Jour Med Ethics 2002).

Bajo el prisma de la psiquiatría, uno no puede por menos que evocar el sentimiento de muchos psicóticos al intentar convencernos sobre sus nuevas habilidades y capacidades ... hasta que aprenden a callar.





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