"Mirar las cosas de cara, ser capaces de sorprendernos, tener curiosidad y un poco de coraje; saber preguntar y saber escuchar; evitar los dogmas y las respuestas automáticas; no buscar necesariamente respuestas y aún menos fórmulas magistrales" (Emili Manzano)

sábado, 9 de marzo de 2019

LA NAPARANOIA (MICRORRELATO )


Los pacientes atacados de naparanoia sienten la extraña sensación de que nadie los persigue, ni está tratandoles de hacer daño. Esta situación se agrava a medida que creen percibir que nadie habla de ellos a sus espaldas, ni tiene intenciones ocultas. El paciente de naparanoia finalmente advierte que nadie se ocupa de él en lo más mínimo, momento en el cual no se vuelve a saber más nunca del paciente, porque ni siquiera puede lograr que su siquiatra le preste atención.



Luis Britto García





sábado, 2 de marzo de 2019

AMNESIA (MICRORRELATO)


Un viajero tuvo un accidente en un país extranjero. Perdió todo su equipaje, con los documentos que podían identificarlo, y olvidó quién era. Vivió allí varios años. Una noche soñó con una ciudad y creyó recordar un número de teléfono. Al despertar, consiguió comunicarse con una mujer que se mostró asombrada, pero al cabo muy dichosa por recuperarlo. Se marchó a la ciudad y vivió con la mujer, y tuvieron hijos y nietos. Pero esta noche, tras un largo desvelo, ha recordado su verdadera ciudad y su verdadera familia, y permanece inmóvil, escuchando la respiración de la mujer que duerme a su lado.

“La memoria confusa”, en La glorieta de los fugitivos. José María Merino


jueves, 21 de febrero de 2019

EL SUICIDIO DE NARCISO (MICRORRELATO )


Narciso



Algunos creen que, si hubiera conocido los espejos, Narciso no se habría ahogado.

Yo creo que tenía fuertes tendencias destructivas, y que con espejos o sin ellos hubiera logrado sus propósitos suicidas. La historia esa, de que se enamoró de su propia imagen, de la ninfa Eco, y que patatín, y que patatán, es un invento de sus parientes para ocultar la verdad. Porque los suicidas deshonran a las familias, pero los mitos las enaltecen.


María Inés Mogaburu 




domingo, 10 de febrero de 2019

INSOMNIO (MICRORRELATO)


El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que enseguida tome una taza de tila y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre esta muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.



Virgilio Piñera






domingo, 6 de enero de 2019

EN SERIO, ¿EMPOWERMENT COMO EMPODERAR?


Bastante agotado del concepto "empowerment", reproduzco la acertada discusión de Fernando A. Navarro aparecida en Diario Médico, 14 de octubre 2018.
Tengo de un tiempo a esta parte la sensación de que muchos consideran imprescindible que el español disponga de una palabra para absolutamente todas las palabras que existan en inglés, y siempre en la forma más parecida a ellas. Son muchos ya, por ejemplo, quienes usan en español los calcos "empoderar" y "emponderar" para expresar el inglés to empower, pese a que, según creo, siguen siendo mayoría los hablantes que desconocen su significado, de modo que en la mayor parte de los casos parece preferible —si uno busca comunicar o hacerse entender de modo eficaz— recurrir a otros verbos más habituales, claros y precisos, como facultardar poderes (o conferir poderes), autorizarpotenciar (o potenciar la función), fomentar la autonomíahabilitaremanciparotorgar el derecho (o la facultad), delegar autoridad o capacitar. No sé, para decir en español «patients must be empowered with respect to treatment decisions», me parece que una frase como «los pacientes deben intervenir más en las decisiones terapéuticas» transmite la idea de modo más eficaz que «los pacientes deben ser empoderados con respecto a las decisiones terapéuticas».



Una encuesta realizada en marzo de 2011 entre los lectores de Diario Médico parece confirmar esto que trato de explicar. La pregunta rezaba así: «Los pacientes de hoy quieren participar en las decisiones sobre su enfermedad y están cada vez mejor informados. Los llaman empowered patients en inglés, pero la traducción literal no acaba de convencer a muchos profesionales. ¿Cuál es en su opinión la mejor traducción para empowered patient?» Pues bien; participaron en la encuesta 1542 profesionales sanitarios, y solo un 4,28% de ellos respondió «paciente empoderado»; las propuestas más votadas fueron «paciente involucrado» (15,18%) y «paciente copartícipe» (13,36%).
Sé bien, por supuesto, que la RAE, siguiendo el uso, admitió ya empoderar en 2014, con la siguiente definición: «hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido». El problema con ese verbo no es que esté mal formado (en español, de hecho, se usó ya antiguamente como sinónimo arcaico de apoderar, que hubiera podido ser también una buena traducción de to empower), sino el riesgo de que el lector pierda los matices de la cuestión. Porque en inglés están usando un mismo verbo, to empower, como si fuera un comodín que igual sirve para conceder derechos (o más derechos), reconocer derechos, conceder un mayor reconocimiento a una persona o institución, dar mayor autonomía, ofrecer mayor capacidad de decisión, dar la posibilidad de participar, entregar más competencias, otorgar mayor capacidad de gestión, participar en la toma de decisiones, ser escuchado, tener en cuenta la opinión de alguien, dar mayor reponsabilidad (o mayores responsabilidades) a alguien, permitir que alguien se haga cargo de sus propios asuntos, dar más libertad o permitir la posibilidad de expresarse. Y todo eso no es lo mismo, desde luego que no.
El antónimo de to empower es to disempower, que debería dar en español no "disempoderar", sino "desempoderar", apenas usado aún entre nosotros con el sentido de ‘restar autoridad’, ‘despojar de sus derechos’ o ‘marginalizar’, pero que a buen seguro veremos usar cada vez más en los próximos años.




Todo lo dicho con respecto al verbo to empower es aplicable también a la voz emparentada empowerment, que expresa la conquista de poderes o derechos por parte de las minorías raciales, las mujeres, los niños, los enfermos y otros grupos minoritarios o desfavorecidos, en un intento de mejorar su situación. Una expresión como patient empowerment, por ejemplo, implica la conveniencia de que el médico ofrezca a sus pacientes la información necesaria sobre las distintas posibilidades terapéuticas, de tal modo que puedan participar activamente en la decisión final.
El calco por "empoderamiento" —me pregunto si no hubiera sido mejor ‘apoderamiento’, más natural a partir de nuestro verbo ‘apoderar’— , que era ya voz arcaica en español, parece estar imponiéndose en la práctica (la RAE lo admitió en 2014), si bien todavía son muy pocos los hablantes que entienden claramente su significado. 
Con frecuencia sigue siendo preferible, por tanto, echar mano de otras expresiones más usuales, claras y precisas para el lector general, como pueden ser facultación, promoción, emancipación, potenciación, participación, autonomía, capacidad de decisión, habilitación, pleno ejercicio de los derechos, responsabilización o toma del poder. 
Pienso, no sé, en una frase como «Civil War and subsequent slavery abolition achieved the empowerment of Negro people» (la Guerra de Secesión y la consiguiente abolición de la esclavitud lograron la emancipación de los negros); ¿verdad que nadie diría ahí en español "empoderamiento de los negros"? O en el propio caso susocomentado de patient empowerment, donde hoy por hoy la mayoría de los hispanohablantes comprenderían mejor expresiones como «autonomía del paciente», «corresponsabilización de los pacientes» o «implicación de los pacientes», me parece, que "empoderamiento de los pacientes".


Fernando A. Navarro


sábado, 1 de diciembre de 2018

REDUCIR LOS TRASTORNOS MENTALES A SIMPLES CONSTRUCTOS SOCIALES ES UNA ILUSIÓN ROMÁNTICA


"No la anécdota sino la ideología es la antítesis de la ciencia" (Kramer)
"La evidencia anecdótica es convincente cuando es la propia."  (Stone)

La medicina no es en realidad una ciencia sino una disciplina aplicada. El objetivo esencial de la medicina no ha sido nunca el conocimiento en sí mismo, ni la creación de paradigmas científicos. El objetivo principal de la medicina ha sido curar, o al menos aliviar, el sufrimiento de los pacientes. En otras palabras, en medicina la utilidad de la clínica de un tratamiento es mucho más importante que la explicación de os mecanismos de acción o de la teoría que los justifique. 

Cuando se aplica un nuevo tratamiento si funciona y cuadra con la teoría estupendo, pero si no cuadra con el modelo teórico dominante buscamos otro modelo, pero desde luego no renunciamos a dicho tratamiento. Este empirismo pragmático y a-teórico ha alcanzado su apogeo en la psiquiatría. Es la quintaesencia del marxismo (de Groucho);
"Estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros". 



ENFERMEDADES O "CONSTRUCTOS SOCIALES"


Los síntomas mentales no pueden ser considerados como algo dado, independiente, que preexiste al conocimiento y que es meramente "descubierto". La psiquiatría constituye su objeto (el síntoma) en el proceso de conocerlo. Una versión de este argumento se conoció como "construccionismo social" y se desplegó ampliamente en los 1980´s.

Sin embargo, las reivindicaciones sobre la "construcción social" de las "enfermedades mentales" descansa en un ataque a enemigos implícitos: el empirismo y el positivismo. Es decir, la fuerza del argumento de que entidades como "el niño", "la madre", "el yo", "la agresión", "el inconsciente", etc, se construyen, depende de un antagonista que haya afirmado que son "descubrimientos", que estaban ahí esperando a que la ciencia los revelase.

Pero, repetir que "x no es algo dado en la realidad sino construido socialmente" e invocar al enemigo imaginario positivista, puede convertirse en un obstáculo para la indagación crítica. De hecho, las esferas científicas menos angustiadas por el status quo, los historiadores y filósofos de la ciencia, asumieron hace tiempo que la verdad científica es una cuestión de construcción.




QUÉ FENÓMENOS DEBE TRATAR LA MEDICINA Y LA PSIQUIATRÍA

¿Qué problemas debe tratar la medicina? Aquellos que la sociedad decida. Es la sociedad la que decide que existen unos problemas que generan sufrimiento y que deben ser tratados y estudiados por un sanador. Este malestar de los individuos (illness), en forma de manifestaciones mentales, físicas o conductuales se construye en forma de entidades abstractas definidas en función de los métodos de conocimento de la época (disease).

De esta forma, a lo largo de toda la historia, las definiciones de las enfermedades y de los criterios diagnósticos en medicina y psiquiatría se realizan por consenso de comités de expertos, pues no se puede aplicar de manera automática los hallazgos de los estudios científicos. Por este motivo, algunos sociólogos y antropólogos radicales catalogan a las enfermedades de "constructo sociales" en el sentido de "etiquetas estigmatizadoras" (p.e., Ivan Illich 1975).

Sin embargo, la sociología moderna señala que las manifestaciones de las enfermedades (mentales o físicas), sus significados, sus consecuencias, aunque están profundamente afectados por el contexto cultural y social en el que se expresan, no son entidades creadas por etiquetas sociales. En particular, reducir los trastornos mentales a simples constructos sociales se considera una ilusión romántica (Scull 2011 p3)

Sólo las manifestaciones que son valoradas por la sociedad como negativas (inteligencia baja, agresividad, obesidad, dolor, menopausia, deseo sexual bajo/alto) pasan al campo de los médicos o sanadores en general. Estos desglosan estas entidades en distintas subentidades, buscando las esencias distintas.

Así por ejemplo, no hace tanto, hemorroides, úlceras, flebitis, disentería y aleraciones de la piel se consideraban signos de melancolía. De la misma manera que fobias, alcoholismo, epilepsia, obsesiones y compulsiones, epilepsia y esquizofrenia (Against Depression, Peter Kramer, 2005 p226)

De esta forma, los investigadores separan el alcoholismo de la intoxicación hedonista, el trastorno de pánico de la angustia existencial, y la depresión el vacío existencial.



EL CONCEPTO MODERNO DE ENFERMEDAD

La noción actual de condición clínica, el concepto ontológico de enfermedad, surge en el siglo XVII, como producto de las observaciones clínicas realizadas por el médico inglés Thomas Sydenham, quien se dedicó a desentrañar y comprender qué es una enfermedad, cuál es su naturaleza y cuáles sus síntomas, características y peculiaridades. La enfermedad, de este modo, pasó a ser, desde el punto de vista ontológico, una entidad morbosa abstracta, considerada según sus particularidades, independientemente del paciente.

El modelo médico general, y el de la psiquiatría moderna en particular, lo que pretende es descubrir las causas y lesiones que subyacen a cada síntoma o grupo de síntomas. Este modelo anatomoclínico no aparece hasta principios del siglo XIX pero revolucionó la medicina de tal manera, que hoy definimos muchas enfermedades ante la sola presencia de hallazgos patológicos en los tejidos aunque no existan síntomas (p.e. cáncer).


Sin embargo este modelo sólo ha sido capaz de explicar de manera satisfactoria unas decenas de condiciones clínicas. Así, a día de hoy no existe una definición de enfermedad (física o mental) universalmente aceptada, e incluso la aplicación de la anatomía patológica está lejos de ser un proceso automático y objetivo (Acevedo, 2016)

Al evaluar la variedad de definiciones de enfermedad en uso en los Tratados Médicos (Tabla 2), destaca la ausencia de una definición que integre todas las afecciones consideradas como enfermedad en la actualidad (e.g., algunas definiciones excluirían la tuberculosis, la migraña, el ictus, el alcoholismo o la diabetes) (Allison 2008)De hecho, las definiciones de enfermedad por parte de la comunidad médica se han visto fuertemente influenciadas por los contextos del tiempo, el lugar, y la cultura, tanto como por la comprensión científica de los procesos patológicos (Scully 2004). 

Además, cada vez con mayor frecuencia se medicalizan condiciones clínicas consideradas procesos naturales, como el embarazo, la menopausia, o la vejez. 

Ejemplos de definiciones de enfermedad en medicina


¿ENFERMEDADES BIOLÓGICAS, TRATAMIENTOS BIOLÓGICOS?

En el caso de la psiquiatría, olvidar que la medicina es una disciplina aplicada ha hecho que muchos extrapolen la (¿buena?) eficacia de los psicofármacos a la fisiopatología de los trastornos que tratan. 

La consecuencia es evidente, los fracasos de las hipótesis biomédicas de las enfermedades mentales (genes candidatos, neuroimagen funcional, biomarcadores, etc) hace que muchos clamen contra la necesidad -que no la utilidad- de los psicofármacos

Un exponente de esta visión es Joanna Moncrieff: Dado que los diagnósticos psiquiátricos no tienen ninguna validez biológica, no se debería dar fcos. Sin embargo el tratamiento empírico de muchas enfermedades médicas habitualmente se realiza sin conocer el mecanismo fisiopatológico (p.e., enfermedades autoinmunes)

La hipótesis de Moncrieff es que los psicofármacos provocan un estado alterado de la mente que interfiere con los síntomas pero no devuelve al sujeto a la normalidad sino a otro estado anormal inducido psicofarmacológicamente. 

Bueno, lo que sabemos hoy día es que, por supuesto, los psicofármacos inducen un nuevo estado metal, lo mismo que otras intervenciones terapéuticas como las psicoterapias (ver tabla 4.3). La cuestión esencial es si ese estado mental es natural o si el individuo se encuentra mejor? (Julio Sanjuán, ¿Tratar la mente o tratar el cerebro?, 2016, p62-63)





viernes, 2 de noviembre de 2018

VENCER AL CÁNCER


Tras el día Internacional del cáncer de mama, me gustaría realizar una breve reflexión para contextualizar "el arsenal terapéutico", "las luchas, guerras y batallas", "las victorias", ...

Cuando médicos, medios de comunicación, afectados, familias y población general hablan de "vencer" el cáncer (o la anorexia, la depresiónla obesidadla esquizofrenia,  etc, ...) ¿cómo llamas a los demás?


Como explicaba la hija de una mujer fallecida por cáncer en una carta de respuesta al artículo Victors Over Cancer (1984), 


"implica que 'vencer' al cáncer es una especie de cruzada sagrada, y que la victoria es solo una cuestión de voluntad. ¿Qué implica respecto a los que han luchado pero no han 'triunfado'?

El paciente que 'derrota' al cáncer es considerado superior al paciente que lucha pero sucumbe , y que a su vez es considerado superior al paciente que rechaza luchar (Medicine and Culture, Lynn Payer)

Aquellos que rechazan el tratamiento por completo, incluso en los casos más avanzados, son considerados derrotistas